Camino a las riquezas
Con la muerte de papá comenzó una pesadilla a en nuestros días, ya nada era lo mismo mamá se deprimió tanto que ya no quería salir, se la pasaba enserrada en su habitación, ya no le interesaba si comíamos o no , nuestra vida tomo un rumbo diferente.
Estábamos acostumbrados a una vida llena de lujos y ahora que su padre ya no estaba estaban sufriendo por la falta de dinero en la casa, una tarde mi mamá se encerró en el despacho de papá y empezó a escribir cartas, parecía loca escribiendo y escribiendo con desesperación. Les escribía a sus padres que eran ricos y les informó: Queridos- comenzó, ¿que podría pasar de malo en una casa tan bonita como la de mis padres? yo nací allí, crecí allí, excepto los años que me mandaron al colegio. Pero allí van a estar llenos de riquezas, diversiones, fiestas, juegos, así es como vive la gente rica, sin duda, felizmente, contando el dinero y haciendo planes divertidos.
Mientras mamá hacía su equipaje para partir, nosotros nos despedíamos de aquella casa llena de recuerdos de nuestro padre, los dejábamos atrás pero lo llevaríamos por siempre en nuestro corazón.
Nos habíamos marchado furtivamente sin decir adiós ni siquiera a un solo amigo, pero mamá insistía. El tren avanzó pesadamente a través de una noche oscura y estrellada, camino del lejano estado de Virginia.
Recordando aquel viaje nocturno en tren, me doy cuenta de que fue aquella misma noche que empecé a hacerme mayor y a filosofar. Por cada cosa que uno gana tiene que perder algo, de manera que lo mejor era ir acostumbrándose a ello, y sacar el mejor partido posible.
Por fin después de tanto viaje llegamos finalmente a un grupo de casas grandes y de un aspecto arracimadas en una ladera pendiente. Nos acercamos furtivamente a la más grande y la mejor.
Dimos la vuelta a aquella enorme casa, casi de puntillas, y cuándo nos vimos ante la puerta de atrás, una señora vieja nos dejo entrar. Debía haber estado esperándonos, y por eso nos vio venir, por que abrió la puerta tan pronto que ni siquiera tuvimos que llamar, fuimos entrando silenciosamente, como ladrones en plena noche. La señora no pronunció ni una sola palabra de bienvenida. En cuanto nos vimos en el interior de la casa oscura, la señora nos hizo subir apresura mente por una escalera trasera. Estrecha y empinada, sin permitir nos detenernos ni siquiera un segundo para echar una ojeada alas habitaciones impresionantes. Hablo por fin y yo sobre salte :
Tenia razón corrine tus hijos son preciosos.
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