sábado, 26 de noviembre de 2011

REPORTE DE LECTURA

 La historia continua………..
Ellos al ver la desesperación de estar en ese espantoso lugar, y dijeron cuando seamos ricos, no volveremos a ver este ático, ni tampoco el dormitorio de abajo. Viviremos como príncipes.
Fuimos a dar vueltas por el ático, explorando el verdadero interés por todas partes, hasta que a alguien comenzó a gruñirle el estomago, mire el reloj de reojo, todos teníamos hambre. Bajamos las escaleras, de uno en uno, de nuevo a aquella odiosa habitación semi oscura, si por lo menos pudiéramos abrir las cortinas de par en par, para dejar entrar la luz y la alegría. Si por lo menos…….
Podría a ver estado pensando en voz alta, porque Christopher fue lo bastante perspicaz para decir que, aun cuando las cortinas estuvieran completamente descorridas, esta habitación daba al norte, de modo que nunca podía dar el sol en ella, y entonces, dios mío, se me ocurrió mirarnos al espejo estábamos todos despeinados y mugrosos con mucha hambre pero, todavía no era hora de la comida hasta que por fin apareció la abuela con unos panes  y jugo, que nos cayó de maravilla, todos teníamos tanta hambre que no nos importo lo que nos llevo.
A medida que la luz del día iba retirándose al otro lado de las pesadas cortinas, nosotros sentados en torno a la mesita, comíamos nuestra cena de pollo frió y ensalada de patatas calientes, todo era desagradable pero no lo teníamos que comer todo era una regla que la abuela nos había impuesto y la teníamos que cumplir. Ya era de noche y realmente no parecía muy distinta del día. Encendimos las cuatro lámparas  y una lámpara rosa de mesita de noche que mama había traído para los gemelos, a quienes no les gustaba la oscuridad.
 Fuimos a echarnos a la cama y renunciamos al esfuerzo de impedir que nuestros pensamientos vagasen interminablemente por los altibajos de oscuros temores recelosos y atormentados, nuestras persistentes dudas, preguntándonos siempre si mama nos habría dicho la verdad.
La ira de dios
Mamá entro en nuestro cuarto la primera noche andando rígida y mecánicamente, como si le dolerá algo, su bello rostro parecía pálido e hinchado; sus ojos hinchados estaban enrojecidos. A los 33 años alguien la había humillado tanto que no conseguía mirarnos a los ojos, con aire derrotado, abandonado, humillado, estaba en el centro del cuarto como un niño  que han castigado brutalmente.
Sin pensar en nada, los gemelos corrieron hacia ella, la abrazaron riendo, llorando y gritando de felicidad. Mamá, mamá en donde has estado, Cris y yo fuimos indecisos a abrazarla.

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